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México 2027: ¿El futuro anhelado? DE UN MUNDO RARO

  • Foto del escritor: Identidad Morelos Comunicación
    Identidad Morelos Comunicación
  • hace 2 días
  • 5 Min. de lectura

Por Miguel Ángel Isidro


En los albores del nuevo milenio, los dioses y diosas se reúnen para discutir el futuro de la humanidad después del año 2000.


Convencidos de que el mundo adolece de diversos problemas provocados por la codicia e ignorancia del género humano, deciden poner fin al mundo apenas se cumpla el último minuto del año 1999.


Sin embargo, súbitamente aparece un dios azteca que alza la voz para decir que no todo está perdido, que existe un país donde se ha alcanzado un nivel de progreso y armonía que puede servir de ejemplo para el futuro de la humanidad. Y ese paraíso terrenal es nada más y nada menos que México.


En términos llanos, la anterior es la premisa de una película cómica titulada “México 2000”, filmada en 1983 bajo la dirección de Rogelio A. González y protagonizada por los comediantes Chucho Salinas y Héctor Lechuga.


A través de un hilo de cinco historias ubicadas en un utópico México de ciencia ficción, se refleja el estilo de vida de una supuesta sociedad mexicana que ha resuelto satisfactoriamente sus problemas sociales en materia de educación, gobierno, contaminación, discriminación y sobre todo, combate a la corrupción.


Muy al estilo de las películas y series televisivas producidas desde la década de los sesentas, en pleno estupor de la Guerra Fría, el año 2000 se visualizaba entonces como el umbral de un futuro altamente tecnologizado, aséptico y vanguardista. Menudo chasco que nos llevamos los seguidores de series como Los Supersónicos y Perdidos en el Espacio al percatarnos de que aún en 2026 nos se nos ha hecho realidad el sueño de desplazarnos a nuestra diaria labor en un vehículo volador totalmente computarizado.


La referencia a la citada película de comedia viene a la sazón de esa muy mexicana tradición de idealizar el futuro. Y no es que sea malo ser optimista, pero muchas veces nos da por imaginar que como por arte de magia, alguna inteligencia prodigiosa resolverá los problemas que actualmente nos aquejan.


A raíz de varios de los acontecimientos registrados en el primer trimestre de este año, muchas mentes febriles se adelantan a sugerir un escenario ideal donde el país entero vivirá un auténtico golpe de timón en las elecciones intermedias de 2027, y que nuestros Padrotes y Madrotas de la Patria podrán realizar sus nobles aspiraciones de llevar al país a una nueva era de bienestar y progreso… sean del partido que sean.


Así que mientras tanto, la opinión pública se mantiene entretenida con un rosario de historias de la más variopinta manufactura que se amplifican o minimizan de acuerdo a la óptica del púlpito de la conferencia mañanera desde Palacio Nacional: derrames petroleros provocados por buques fantasmas, miles de desaparecidos que milagrosamente se esfuman de las cifras oficiales, mujeres misteriosas que toman baños de sol desde Palacio Nacional y una prometida estabilidad económica que se vislumbra muy bien en las presentaciones de Power Point, pero que nomás no se refleja en los bolsillos de la ciudadanía.


Un día sí y otro también nos mantenemos a la expectativa de la vida, obra y milagros de las personalidades que el Evangelio Presidencial tenga a bien considerar entre la lista de los “buenos”. ¡Qué más da la inflación, la violencia criminal y la cada vez más notoria falta de autoridad en amplias regiones del país… si tenemos Mañaneras del Pueblo!


Aún así, habría que reconocer el ingenio y la mexicanísima picardía de los usuarios de redes sociales y a la ahora tan desprestigiada “Comentocracia” para meterle color y sazón a un ambiente político que bajo otras circunstancias sería no sólo demasiado aburrido, sino incluso intrascendente, porque la retórica de la Presidenta Claudia Sheinbaum parece dictar que aquello que ella no ve, o aquello que a la mandataria no le interesa, simplemente no existe..


Porque mire usted, que para creer que es buena idea “amplificar” el mensaje presidencial recurriendo a figuras de tan dudosa reputación como la senadora Andrea Chávez o el rijoso diputado Arturo Ávila hace falta, como dice La Bamba, una poca de gracia y… otra cosita. Pero sobre toro todo la “otra cosita”.


Con esto no quiero decir que los resultados obtenidos por Morena no sean legítimos o no correspondan a la realidad; total, si el electorado mexicano decidió tomar la disyuntiva de “darle más poder al poder”, está en todo su derecho.


Adicionalmente, la oposición sigue sin ofrecer nada sustancialmente relevante; se ha limitado a oponerse por sistema a todo lo que huela a Morena, AMLO o a la 4T, y tampoco ha trabajado en la construcción de nuevos liderazgos.


Aquí el punto es no perder de vista la diferencia entre lo urgente y lo importante. La transición democrática del país ha sido un proceso largo como para quemar la pólvora en los infiernitos de una clase política tan frívola como instrascendente.


A ambos extremos del cuadrante político les corresponde la responsabilidad de encontrar canales de diálogo con los sectores de la población que aún no ven cabalmente reflejadas sus aspiraciones en sus discursos y propuestas de gobierno.


Ahí es donde cobra sentido el fallido intento de la Presidenta Sheinbaum por meterse con calzador en la boleta de la elección intermedia con el pretexto de una revocación de mandato que la ciudadanía no ha reclamado. Porque más allá de la tan cacareada popularidad presidencial, a nivel de los estados y municipios, son mayores los escándalos que los logros que pudieran presumir los gobernadores y alcaldes emanados de Morena y sus ahora muy cuestionados aliados.


Y aunque no les agrade mucho a los ultras de la 4T, incluso el simple acto de invocar a la figura de Andrés Manuel López Obrador, al que sus acólitos incluso se aferran a mencionar como “presidente”, implica el reconocimiento tácito de que durante el presente gobierno no se habrían cumplido a cabalidad los objetivos planteados.


Pero se debe entender con claridad la diferencia entre delegar y procastrinar.


Como ya lo hemos planteado anteriormente en este espacio, resulta imperativo entender que un proceso de transición política o social no comienza o termina por decreto; por lo que simplemente afirmar que el neoliberalismo, el porfiriato o el virreinato terminaron de la noche a la mañana, es un completo despropósito.


Hay vida más allá del 2027 y de la propia 4T, queridas y queridos. Que no se nos olvide…


Pero bueno, sin el afán de arruinar la recomendación cinematográfica a quienes no hayan visto la referida película “México 2000”, hay que advertir que aún entre dioses… hay espacios para componendas.


Veremos y comentaremos.


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