
Crisis Mexicana: Bodas de Oro
- Identidad Morelos Comunicación

- 25 ene
- 2 Min. de lectura
LA LEY DE HERODES
Por Miguel Ángel Isidro
Era el mes de septiembre de 1976. En un entorno de alta agitación política y social, el gobierno mexicano dio a conocer una noticia funesta.
Debido a las presiones del aparato cambiario internacional y a la inestabilidad del mercado de los metales preciosos, el peso mexicano fue sometido a un régimen de libre flotación cambiaría. En ese mismo año, la sociedad mexicana comenzaría a familiarizarse con un doloroso concepto: “la devaluación”.
Este año se cumplirá el primer medio siglo de tan funesta efeméride. Prácticamente tres generaciones de mexicanos hemos convivido cotidianamente con otro concepto que se tan repetitivo se nos ha hecho fastidiosamente familiar: la crisis económica.
Hasta antes de 1976, México había mantenido un periodo de 22 años de estabilidad cambiaría merced a diversos procesos: la lenta recuperación de la economía norteamericana de la posguerra, la habilidad del régimen priista para vender al exterior un entorno de aparente estabilidad interna y el posicionamiento de México como un país atractivo para la inversión extranjera.
Sin embargo, durante la primera mitad de la década de los 70”a del siglo pasado, el escenario internacional comenzó a resentir las estertores del prolongado periodo de la llamada guerra fría entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Los choques entre ambos bloques generaron dolorosos episodios en países como Cuba, Chile y Vietnam. Ninguno de los dos frentes podría presumirse hoy como ganador. En cada episodio los platos rotos siempre los terminaron pagando los desposeídos.
A pesar de la profunda crisis económica generada por el proceso devaluatorio de nuestra moneda, y contrario a cualquier lógica, el régimen político prevaleciente en México no hizo otra cosa sino consolidarse.
De hecho, en la actualidad se reconoce que el priismo alcanzó una suerte de “época dorada” entre la segunda mitad de los 70’s y los ochentas.
Los sexenios de José López Portillo y Miguel de La Madrid Hurtado son recordados hasta la fecha como la cúspide de la corrupción, la guerra sucia contra los opositores y la completa negación del descompuesto escenario nacional. En efecto: eso que Mario Vargas Llosa calificó como “La dictadura perfecta”.
La maquinaria del oficialismo mexicano hizo gala de crueldad en el nefasto episodio conocido como “la guerra sucia”, periodo en el cual la oposición política fue criminalizada al grado de orillarla a la clandestinidad, y dobde cada pequeño signo de apertura era recibido como una “bondad graciosa” del régimen totalitario.
Medio siglo ha pasado desde que los mexicanos aprendimos, a punta de chingadazos, a convivir mañana , moda y noche con el lenguaje de la inestabilidad política y la crisis económica.
¿Qué tanto hemos cambiado en 50 años?
Vale la pena repasar estos episodios de nuestra historia reciente para cuestionarnos cuáles de esos síntomas se están replicando en nuestro entorno actual.
México parece encaminarse nuevamente a un esquema de “partido único”, en el que la excesiva concentración del poder amenaza con debilitar los cada vez más frágiles equilibrios entre el Estado y la economía de mercado.
¿Acaso nunca aprenderemos de nuestros errores históricos?
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