
La Ministra Invisible
- Identidad Morelos Comunicación

- 19 nov 2025
- 7 Min. de lectura
LA LEY DE HERODES
Por Miguel Ángel Isidro
En en entorno político mexicano, es bastante común dar por sentado que la Secretaría de Gobernación es la segunda posición más importante del gabinete presidencial.
Y en efecto lo es: en el diseño constitucional de la estructura orgánica del gobierno mexicano, al no existir la figura de la vicepresidencia, corresponde por ley al titular de Gobernación cubrir las ausencias del Ejecutivo.
En términos orgánicos, la Secretaría de Gobernación tiene como encomienda constitucional atender el desarrollo político del país y coadyuvar a las relaciones del Ejecutivo con los poderes Legislativo y Judicial, así como con los distintos niveles de gobierno. Es, por tanto, un Ministerio del Interior.
Merced a las reformas constitucionales efectuadas en los últimos 30 años, no se requiere de un perfil profesional específico para ser titular de dicho ministerio; basta con ser ciudadana mexicana o ciudadano mexicano por nacimiento, en pleno ejercicio de sus derechos políticos y civiles, ser hijo de ciudadanos mexicanos y mayor a 35 años de edad al momento de su designación.
Siendo México un país con una arraigada cultura presidencialista, dicha connotación afecta de manera directa los alcances y relevancia de la silla número dos del gabinete. Para algunos presidentes, el titular de la SEGOB funge como una especie de jefe político y coordinador de gabinete; representa la cadena de transmisión del mando presidencial hacia el partido en el gobierno y los gobernadores emanados de la misma fuerza política.
En no pocas ocasiones, se ha considerado a Gobernación como una especie de área de entrenamiento para eventuales figuras presidenciables. Pascual Ortiz Rubio, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría han sido algunos de los ministros del interior que lograron alcanzar la Primera Magistratura del país.
Al ser considerado prácticamente como un vicepresidente en funciones, se infiere que quien ocupa la cartera de Gobernación es el personaje más políticamente cercano al Presidente en turno, y que por ello, sus actos, declaraciones y disposiciones son tomadas como indicación directa del titular del Ejecutivo Federal.
Dicho todo lo anterior, vale la pena analizar el desempeño mostrado hasta el momento por Rosa Icela Rodríguez Velázquez, actual titular de la Secretaría de Gobernación bajo el mandato de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Licenciada en Periodismo por la Universidad Carlos Septién García y nacida en San Luis Potosí hace 66 años, trabajó como reportera en distintos medios como Televisa Radio, El Universal y La Jornada; particularmente en ésta última casa periodística forjaría una cercanísima relación con su directora, Carmen Lira Saade, misma que sería importante en su futura incursión en el sector público.
A la llegada de López Obrador a la Jefatura de Gobierno del entonces todavía Distrito Federal en el año 2000, Rodríguez Velázquez recibe la invitación para incorporarse a su equipo cono directora general de Participación Ciudadana y directora general de Concertación Política y Atención Social y Ciudadana.
La relación entre Rosa Icela Rodríguez y López Obrador se forjó desde la época de la candidatura del ex presidente a la gubernatura de Tabasco, siendo comisionada por el diario La Jornada para la cobertura del llamado “Éxodo por la Democracia”, la histórica caravana convocada por AMLO en protesta por lo que calificó como un “fraude electoral” en los comicios de aquel año en su nativa entidad.
Dicha cobertura llevaría a la entonces reportera a montar “guardia” en las afueras del departamento de López Obrador en la capital del país, ante en rumor de que el político tabasqueño sería detenido en cualquier momento por el bloqueo a los pozos petroleros de Pemex en Tabasco por parte de sus seguidores. La detención nunca tuvo lugar, y la relación profesional entre la periodista y el futuro presidente de México devino en amistad personal.
En su trayectoria pública, Rodríguez Velázquez ha ocupado importantes responsabilidades, las más destacadas y recientes como secretaria de Gobierno de la Ciudad de México durante la gestión de la propia Claudia Sheinbaum y como primera mujer en ocupar la titularidad de la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana (SSPPC) ya bajo la Presidencia de López Obrador.
Propios y extraños señalan como su principal atributo -o defecto, según quien lo explique- su irrestricta lealtad a López Obrador, situación que ha marcado la ruta de su presencia en el ejercicio público.
Sin embargo, no se debe soslayar el hecho de que en la presente administración, la Presidenta Sheinbaum ha dado muestras de reiterada confianza y cercanía con el actual titular de la SSPCP, Omar García Harfuch, así como tampoco pasa desapercibido el radical giro que ha tenido que dar en la política de seguridad pública, dejando de lado la consigna lopezobradorista de “abrazos, no balazos” y dando mayor difusión a operativos, detenciones e incluso abatimiento de delincuentes de alto perfil, además de la entrega de 55 líderes criminales a las autoridades de los Estados Unidos, como parte de los esfuerzos para mostrar resultados en materia de combate al crimen organizado, ante las presiones de la Casa Blanca.
Es de llamar la atención que a pesar de que desde las administraciones de Felipe Calderón y muy enfáticamente en la de Enrique Peña Nieto muchas importantes acciones de coordinación en materia de seguridad fueron delegadas en los entonces titulares de la SEGOB, durante su mandato la Predidenta Sheinbaum ha preferido acometer éstas tareas coordinándose directamente con el secretario García Harfuch y los titulares de la Defensa, Marina y la Guardia Nacional.
Otros presidentes han descansado de manera importante en la SEGOB el cabildeo de sus iniciativas legislativas, tanto con los legisladores de su propio partido como con la oposición.
Sin embargo, habida cuenta de los amarres políticos heredados a la Presidenta Sheinbaum por su antecesor, y por el excesivo protagonismo de los coordinadores parlamentarios del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en las cámaras de Diputados y Senadores -Ricardo Monreal y Adán Augusto López respectivamente- y de su condición de bancada mayoritaria en ambos espacios, el papel de la SEGOB en dicha tarea queda prácticamente reducido al de una oficialía de partes sin mayor lustre ni mérito.
En la relación con los estados y municipios -otra de las tareas sustantivas de la SEGOB-, Rosa Icela Rodríguez tampoco ha mostrado un desempeño eficiente. Los conflictos o diferencias con los estados aún gobernados por la oposición llegan irremediablemente al escritorio presidencial ya sea por la vía de las conferencias matutinas de prensa o porque la situación se ha salido de control, como fue el caso del lamentable asesinato del alcalde de Uruapan Michoacán, Carlos Manzo Rodríguez, en donde el gobernador morenista de Michoacán Alfredo Ramírez Bedolla y la propia titular de la SEGOB fallaron en la labor de interlocución ante los reiterados llamados de ayuda del hoy occiso. Otro asunto que terminó reventándole en las manos a la Presidenta ante la inoperancia de su Ministerio del Interior.
Durante los sexenios de esplendor del PRI-Gobierno, también pesó sobre Gobernación la leyenda negra de ser el ministerio desde donde se operaban las acciones de espionaje y contrainsurgencia con fines represivos. El Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional (CISEN) y en su momento, la Dirección Federal de Seguridad, ambas entidades ya desaparecidas, operaron prácticamente como la policía política de los gobiernos priistas.
En la actualidad, la operatividad de la SEGOB como un área de inteligencia estratégica gubernamental da lugar a severas dudas. En otros tiempos, las directrices establecidas por Gobernación impactaban directamente en las áreas de logística y seguridad de la Presidencia, teniendo una estrecha coordinación con el desaparecido Estado Mayor Presidencial. La ausencia de estos protocolos ha derivado en una serie de pifias que han terminado exponiendo a la Presidenta, como cuando fue “ignorada” por los altos mandos de su propio partido durante un acto público, o como ocurrió con el lamentable caso de acoso sexual sufrido por la mandataria en pasados días. En situaciones como ésa, la falta de un aparato de apoyo al área de ayudantía presidencial ha quedado en evidencia.
Más recientemente Rodríguez Vázquez ha intentado tener un papel más protagónico al participar en algunos de los foros organizados en torno al proyecto presidencial de integrar una iniciativa de reforma electoral de amplio consenso. Sin embargo; en ese mismo derrotero la titular de la SEGOB enfrenta otro escollo: que al frente de esos trabajos, la Presidenta Sheinbaum colocó a un izquierdista “de pedigrí”: el ex dirigente estudiantil, ex legislador, ex dirigente partidista y más recientemente ex titular de la Unidad de Inteligencia Financiera Pablo Gómez Álvarez, otro personaje cuyo protagonismo no admite competencia, por lo que la participación de la número dos del gabinete en esta materia tampoco ha alcanzado mayor relevancia.
En Gobernación hemos tenido toda suerte de políticos; desde los parlanchines hasta los más discretos; algunos pasaron a un silencioso retiro tras la encomienda y otros alcanzaron nuevos espacios de participación política a través de gubernaturas, diputaciones o senadurías o incluso cargos de dirección partidista.
Siendo la segunda mujer en ocupar tan importante cargo -no olvidemos que la primera titular de la SEGOB fue la ex ministra Olga Sánchez Cordero, quien tuvo que pedir licencia como senadora electa para atender la invitación del presidente Andrés Manuel López Obrador durante prácticamente la mitad de su sexenio-, Rodríguez Velázquez se ha conformado con proyectar una imagen de funcionaria leal y discreta, sin que ello signifique que esté cumpliendo a cabalidad con las expectativas de una encomienda de tan alta responsabilidad.
Incluso ha llamado la atención el hecho de que, más que buscar el tender puentes ante otras fuerzas políticas o grupos sociales, la Ministra del Interior se ha sumado al discurso oficial en el sentido de descalificar por anticipado cualquier manifestación de protesta contra el actual régimen, cayendo en la reducción simplista de “izquierdas y derechas” como analogía de “buenos y malos”.
A qué grado estará quedando a deber la titular de Gobernación, que a Rosa Icela Rodríguez no se le menciona ni por error como una de las posibles “corcholatas” para la carrera presidencial del 2030, con la que algunos ambiciosos morenistas ya sueñan prematuramente.
Rosa Icela Rodríguez es pues, la Ministra Invisible. Porque en el agitado estado de cosas de nuestro actual entorno político, a la número dos del gobierno ni se le ve, ni se le oye.
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