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Cuautlense podría convertirse en el primer morelense en llegar al Everest

  • Foto del escritor: Identidad Morelos Comunicación
    Identidad Morelos Comunicación
  • hace 12 horas
  • 3 Min. de lectura

• Tras vender su automóvil y reunir apoyo de familiares y amigos, el doctor Alfredo Cruz Sánchez busca hacer historia para Morelos en la montaña más alta del planeta


Cada noche en el Everest representa una prueba distinta.


El viento golpea con fuerza las tiendas de campaña y las temperaturas descienden hasta los 20 grados bajo cero. Dormir se vuelve complicado. Pensar también.


A más de cinco mil metros sobre el nivel del mar, en medio del Himalaya, un morelense resiste.


Se trata del doctor Alfredo Cruz Sánchez, médico intensivista pediátrico originario de Cuautla, Morelos, quien podría convertirse en el primer morelense en alcanzar la cima del Monte Everest y posiblemente en el primer médico mexicano con su especialidad en lograrlo.


Sin embargo, antes de enfrentar a la montaña más alta del planeta, tuvo que enfrentar algo más cercano: la indiferencia de instituciones y autoridades morelenses.


Su sueño comenzó con un proyecto llamado “Morelos en la cima del mundo”, iniciativa con la que buscaba representar simbólicamente al estado llevando un emblema morelense hasta la cima del Everest.


Para concretarlo, buscó apoyo institucional.

Se acercó al Instituto del Deporte y Cultura Física del Estado de Morelos (INDEM), donde fue recibido, pero nunca obtuvo respuesta. También envió solicitudes al Gobierno del Estado, a la Secretaría de Turismo y a distintos actores políticos federales, sin conseguir respaldo para una expedición que implica años de preparación física, mental y económica.


Las puertas nunca se abrieron, pero Alfredo Cruz decidió no detenerse.


Vendió su automóvil y algunas pertenencias personales. Además, junto con familiares y amigos, organizó actividades de recaudación para reunir los recursos necesarios que le permitieran viajar a Nepal y perseguir una meta que para muchos parecía imposible.


Así, el pasado 29 de marzo, salió de México rumbo al Himalaya. Desde Lukla, la principal puerta de entrada al Everest en Nepal, inició una caminata de ocho días entre aldeas, puentes colgantes, paisajes que quitan el sueño, y enfrentando también el desafío de la altitud hasta llegar al campo base, donde actualmente se encuentra.


Después vinieron las jornadas de aclimatación, el ascenso al Pico Lobuche, de más de seis mil 200 metros de altura, y el entrenamiento técnico junto al sherpa que lo acompañará durante el intento final hacia la cumbre.


Hoy permanece en espera de una ventana de buen clima, porque en el Everest no basta con querer subir: el viento, la nieve y las tormentas son las que deciden cuándo se puede avanzar.


Mientras tanto, enfrenta noches heladas, agotamiento físico y pensamientos que, como él mismo reconoce, en ocasiones intentan quebrarlo.


“La mente es canija”, confesó desde el Himalaya.


Aun así, asegura sentirse fuerte, porque hay sueños que pesan más que el cansancio. Porque mientras el Everest se levanta frente a él, también están Cuautla, Morelos y toda una historia personal empujándolo desde abajo.


Si logra hacer cumbre, no solo será una hazaña deportiva, será la prueba de que incluso los sueños que avanzan solos pueden terminar tocando el cielo.


Y mientras espera el momento definitivo para intentar conquistar la montaña más alta del planeta, el médico morelense ya logró algo importante: demostrar que la falta de apoyo nunca fue suficiente para detener a quien decidió llegar más alto, escribiendo una historia que podría quedar marcada para siempre en el deporte y el montañismo mexicano y más morelense.

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